Los cineastas palestinos acogen las complejidades en la gran pantalla

Publicado: julio 16, 2012 de Handala en Ficción, Textos en castellano

Por Stephen Dalton

Una escena de la película End of September, escrita y dirigida por Sama Alshaibi y Ala’ Younis, 2010. Cortesía de LPFF

El cine palestino vuelve a Gran Bretaña la próxima semana para celebrar el último Festival de Cine Palestino de Londres,  […]

Dos de las proyecciones más prestigiosas del festival son Last Days in Jerusalem (“Últimos días en Jerusalén”), de Tawfik Abu Wael, un drama claustrofóbico sobre una pareja de Jerusalén oriental que hace balance de su inminente traslado a París, y Man Without a Cell Phone (“Hombre sin teléfono móvil”), de Sameh Zoabi, una comedia aparentemente alegre sobre las humillaciones cotidianas de los palestino-israelíes que viven al otro lado de la barrera. Aunque la película no sea abiertamente política, cada director insiste en que el contexto es claro para los espectadores palestinos. Ambas son historias sobre el exilio, la ocupación, los puestos de control, los muros fronterizos y las identidades divididas.

“En realidad, para mí, la película es muy política”, afirma Zoabi. “Para mí, en cierta manera es una película que llama al despertar, a una revolución. Sin embargo, se puede hacer de una manera humorística, universal. Mi película fue mostrada en Ramallah, en Cisjordania, y la gente se sorprendió de una forma positiva, puesto que no creía que a partir de una realidad tan dura se podía encontrar un sitio para el humor, pero todavía hay un mensaje que es muy positivo”.

Inactivo durante décadas después del establecimiento de Israel en 1948, el cine palestino ha comenzado finalmente a generar una voz fuerte en los últimos 20 años, gracias a las películas aclamadas mundialmente como la Divine Intervention (“Intervención divina”) de Elia Suleiman, premiada en 2002 y Paradise Now (“Paraíso ahora”) del controvertido cineasta Hany Abu Assad, candidata al Oscar en 2005 sobre los terroristas suicidas. Películas como éstas sólo son posibles gracias a la financiación y el apoyo de los países de fuera, ya que la propia Palestina aún no tiene escuelas de cine, ni estudios y prácticamente no tiene ninguna infraestructura para la industria del cine.

El Festival de Cine Palestino de Londres, junto con otros eventos similares celebrados en toda Europa y los Estados Unidos, contribuyó proporcionando una plataforma a esta joven nación cinemática. Irónicamente, el festival también significa que los londinenses tienen más acceso a las películas palestinas que la mayoría de los palestinos. No obstante, para Abu Wael, la falta de una industria nacional tiene su propia parte libertadora.

“Normalmente, los palestinos no ven películas palestinas, porque no tienen salas de cine y por la vida miserable que llevan”, reconoce el director. “No les importa el cine, es por ello que los cineastas palestinos hacen películas en nombre de los palestinos para el resto del mundo −esto resulta problemático, pero por otra parte les permite a los directores palestinos tener mucha libertad, porque no existe un mercado. La verdad es que a nadie le importa si tu película es exitosa o no. En general, las películas se financian con fondos públicos y no privados, por lo que un director palestino tiene una gran libertad a la hora de hacer lo que quiera. Esto, para mí, es lo bonito que tiene el cine palestino. Cada director tiene su propio estilo, su propia visión”.

Para más ironía, algunas de las películas palestinas más destacadas de las últimas dos décadas, incluyendo Man Without a Cell Phone y Last Days in Jerusalem, se han financiado en parte con dinero del gobierno israelí −lo que da pie a plantear el por qué un país tan sensible a la imagen está de acuerdo en financiar películas que efectivamente retratan a los israelíes como villanos racistas.

“Es muy simple”, afirma con una sonrisa el cineasta Zoabi. “¡Nadie del gobierno lee el guión! Afortunadamente, tienen un comité de cineastas y la mayoría de ellos son muy liberales e interesados en los diferentes discursos. Pero si mi película hubiese ido directamente al gobierno, estoy seguro de que no hubiese obtenido la financiación”.

Por supuesto, esta contrapartida creativa y financiera está plagada de problemas, abriendo todos los frentes para ser acusado de colaborar con el enemigo. En la proyección de Last Days in Jerusalem, poco antes de celebrarse el festival de Londres la semana pasada, algunos miembros del público desafiaron a Abu Wael por haberse centrado en los problemas internos que tienen los palestinos con los pasaportes israelíes e ignorado la lucha política de su pueblo. Al hablar después de la proyección, el director hizo caso omiso a estos cargos.

“Cada película es política”, asiente con la cabeza. “¿Acaso un cliché es política? Hasta ahora he hecho dos películas, me enfrenté al problema de la recaudación de fondos y venta de la película, ¿y qué es lo ha hecho el Estado  palestino al respecto? ¿Y por qué esta pregunta? Porque la gente espera algo, porque la gente sólo sabe de los palestinos a través de las noticias, los conocen de forma muy simplista. No digo que todos los palestinos deban hacer la misma película, pero para mí, no todos los directores palestinos deben ser combatientes, sino cineastas. Cuando Ken Loach intenta recaudar fondos para su película, nadie le pregunta qué hace el Gobierno británico al respecto.

Abu Wael reivindica la inspiración de los clásicos maestros europeos como Michelangelo Antonioni y Jean-Luc Godard, así como la inspiración de los maestros de la moderna Palestina, tales como Michel Khleifi y Rashid Masharawi, y argumenta a favor de un tipo de cine palestino más sofisticado que posea madurez emocional, un enfoque político matizado, capaz de ser autocrítico.

“Tal vez mi película no sea la típica película palestina”, afirma encogiéndose de hombros. “Pero nadie puede decirle a un cineasta palestino qué hacer y qué no hacer. Puede que ahora esté [usted] en la guerra, o en la lucha, ¿no es eso complejo? Para mí, no, yo me siento libre. Creo que el cineasta palestino debe hacer lo que él quiera, incluso si quiere criticar a su propia sociedad. Soy palestino. A pesar de la ocupación, tenemos una vida normal, como todas las demás personas en el mundo”.

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Traductora: Denisa- Karla Anusca
Fecha de publicación en castellano: 16 de julio de 2012
Fuente: Palestinian filmmakers embrace complexities for the big screen
Stephen Dalton, The National, 18 de abril de 2012.
http://www.thenational.ae/arts-culture/film/palestinian-filmmakers-embrace-complexities-for-the-big-screen#full

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