“Una forma diferente de ocupación”: entrevista con Elia Suleiman

Publicado: junio 5, 2011 de Handala en Textos en castellano

por Sabah Haider

Elia Suleiman (Sabah Haider)

El director de cine Elia Suleiman, nacido en Nazaret, es uno de los mimados de Cannes y destaca sobre el conjunto de directores palestinos contemporáneos por su estilo único de rodaje basado en unir una serie de viñetas, en el silencio – destacando la narración visual frente al diálogo – y en la inexpresiva comedia que a menudo aparece con un crudo humor en las vidas de la gente corriente que vive bajo la tiranía de lo que él denomina “una ocupación patética”.

La última película de Suleiman, “El tiempo que queda” (The time that remains, 2009), estrenada en el último festival de cine de Cannes, marca el final de lo que se ha descrito como su “trilogía de películas palestinas”. La trilogía comienza con “Crónica de una desaparición” (Chronicle of a Dissapareance, 1996); continúa con la tan aclamada “Intervención Divida” (Divine Intervention, 2002), que ese año constituyó la candidatura oficial de Palestina a la Academia de los Oscars (pero que no fue admitida porque “Palestina no es un país”) – aunque al año siguiente la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas lo reconsideró y la aceptó como candidatura de la “Autoridad Palestina”; la trilogía termina con “El tiempo que queda”, que el verano pasado se situó entre las diez películas más vistas de la taquilla francesa y ha suscitado gran admiración dentro del círculo del festival. Sabah Haider, colaboradora de The Electronic Intifada, entrevistó y debatió con Elia Suleiman sobre una amplia variedad de temas, desde su nueva película a la experiencia humana y la búsqueda de justicia en este mundo.

Sabah Haider: Su nueva película se titula “El tiempo que queda”, ¿cómo explicaría el título, para qué se está acabando el tiempo?

Elia Suleiman: Diría que el título es una señal de advertencia. No puedo decir que el tiempo se está acabando; no tengo autoridad sobre el tiempo. Puedo decir que es una señal de advertencia sobre cierto sentimiento de la experiencia que nosotros, quienquiera que seamos, podamos estar viviendo. “El tiempo que queda” es una sensación sobre mis sentimientos, creo que podrían ser los sentimientos de otros. Es una señal de advertencia respecto a una situación global.

SH: ¿Qué advertencias está transmitiendo?

ES: Que las cosas se terminan. Que se acaba el tiempo. Que quizá sea demasiado tarde. Desde que los hielos se están derritiendo hasta la limpieza por cualquier forma de justicia.

SH: ¿Es el conflicto árabe-israelí un microcosmos de esto?

ES: Sí, yo solía utilizar el mismo dicho. Podría usarlo, si quisiera, desde luego se está reformulando continuamente. Ahora sé que hemos dado un paso hacia delante. En mi opinión creo que este microcosmos está en todas partes, así que no sé si el microcosmos del conflicto árabe-israelí es un reflejo del mundo o si el mundo es un microcosmos de Palestina.

Existe un microcosmos en todas las partes de cualquier conflicto, en cada centímetro que recorremos. No creo que exista un microcosmos que refleje el mundo porque cada lugar en el mundo se ha convertido en un microcosmos de su propio conflicto.

El conflicto árabe-israelí es el conflicto del mundo y viceversa, así que ya no sé qué es el microcosmos de qué, porque de manera global Palestina se ha multiplicado y ha creado muchas Palestinas. Creo que si va a Perú, también allí encontrará Palestina en un estado grave.

SH: ¿Se refiere a la fragmentada Diáspora?

ES: No estoy hablando de los palestinos. Hablo de todos los conflictos y de todo el retroceso y de todas las contaminaciones y de la crisis (económica mundial) y de la globalización. De hecho, “El tiempo que queda” no es en absoluto una metáfora sobre Palestina. En absoluto.

SH: El conflicto árabe-israelí ¿es un símbolo de la degeneración de la sociedad?

ES: No estoy hablando del conflicto árabe-israelí, ¿entiende a lo que me refiero? No hago una película para hablar sobre el conflicto árabe-israelí. De hecho, la frase “el conflicto árabe-israelí” ni siquiera aparece en mi diccionario, en absoluto. Solo reflejo, absorbo y experimento, y resulta que es como la Diáspora Palestina, o la realidad del día a día. Algún tipo de ocupación. Una forma diferente de ocupación. Una ocupación de la geografía de Palestina y una ocupación de las almas de quienes viven allí.

Esta es una realidad que se está viviendo en todas partes del mundo, y no necesariamente solo entre palestinos. Me refiero a que es una experiencia que puede identificarse con cualquier lugar del mundo. A día de hoy vivimos en un lugar llamado “globo” compuesto por múltiples experiencias. Mis películas no hablan necesariamente sobre Palestina. Son palestinas porque yo soy de ese lugar – reflejo mi experiencia, pero identificando todas las Palestinas que existen. La expresión “conflicto árabe-israelí” me es extraña en términos poéticos. No creo que mi película trate sobre eso.

SH: ¿Podría explicar su opinión de que Palestina representa todos los conflictos del mundo?

ES: Creo que se identifican. Para empezar, cuando se es artista, en primer lugar hay que tener la convicción de que nuestra experiencia no es local: es una experiencia universal. Eso es lo primero. Cuando se compone una imagen nunca hay que pensar en los límites de esa imagen. Pero si esa imagen existe en un escenario debería sobrepasar los límites de ese escenario. Lo que significa que si un uruguayo está viendo mi película y se identifica con la historia de Fouad en la película, entonces creo que he transportado mi experiencia, es un tipo de universalidad para la que creo que existe el cine. Así que no se trata de moldear o resumir una experiencia que se sitúa en Palestina. Se trata de todas las experiencias que pueden conceptualmente, palestina-mente, considerarse como tales.

Cuando hago una película, cuando compongo una imagen, no tengo ningún impulso de concienciar al mundo sobre Palestina. Si los espectadores se sienten identificados con la historia de Palestina, entonces estaré consiguiendo algo. Si vuelven a casa y cambian algo de su propio escenario para mejorar el mundo, en mi opinión se podría afirmar que están siendo muy pro-palestinos.

Si disfrutaron mientras veían la película, y volvieron a sus casas y tuvieron una especie de positividad, una intuición o un deseo por estilizar su mesa del comedor, en lo que a mí respecta creo que han dado un paso hacia delante para convertirse en pro-palestinos. Ni siquiera creo que fuera un logro para mí si se fueran y comenzaran a manifestarse. Creo que un individuo que ve una de mis películas me halaga cuando tiene impulsos de construcción positiva, para mejorar su propia vida. Como individuos y como comunidades, esto es para mí una experiencia pro-palestina.

SH: El término “cine palestino” no se utiliza solo para describir a las películas hechas por los directores palestinos sino que ahora se utiliza también para describir películas que representan una perspectiva palestina.

ES: No sé qué es eso. ¿Qué es una perspectiva palestina?

SH: En relación con las películas contemporáneas que narran experiencias palestinas, ¿diría que construyen una identidad nacional para la fragmentada Diáspora?

ES: Las mías desde luego no. Personalmente, no me adhiero a la identidad palestina nacional. Puedo adherirme a una identificación pero no a una identidad. La experiencia de mis películas no construye o ni se adhiere a lo que puede definirse como identidad. ¿Expulsión? La expulsión se comparte en muchas historias. ¿Una kefia? La kefia se convirtió en un símbolo político en los tiempos de la Intifada. Algunos cínicos podrían tener razón al definir un efecto contrario a una ocupación.

Mire quién construye realmente las identidades nacionales en el mundo – no son necesariamente aquellos que están bajo la ocupación, sino aquellos que están en la ocupación. Fíjese, por ejemplo, en Israel, que incluso va a robar el falafel para que forme parte de su identidad nacional. ¿Qué fuerza se esconde detrás de esta clase de búsqueda obsesiva y patética de cualquier forma de identidad nacional en Israel? ¿Más ocupación? Indudablemente. Mayor expansión. Indudablemente. Primero fue el falafel, después pasaron al hummus. Creo que es absolutamente patético.

¿Por qué tenemos que perseguir lo que forma parte de nuestra cultura – la comida, los bordados o las kefias; y, ¿por qué tenemos que exagerar bailando dabke como si esto simbolizara que la tierra es nuestra simplemente por golpearla? No creo en este tipo de cosas. Si existiera algo como la identidad nacional, con su propia identificación, yo creo que entonces diría que tiene que ser tan elástico que nunca debería estar dentro de ningún límite estático.

Porque si empezamos a decir que “esto somos nosotros, hasta aquí, y el resto son ellos u otros” significa que nos hemos colocado en nuestro propio gueto y nos hemos clavado al suelo, mientras que si nuestra identidad nacional es expansiva, en términos de la seducción y del placer de ser otros, entonces nuestra identidad nacional puede enriquecerse mucho más de la experiencia del mundo.

Dije esto hace mucho tiempo – si por cuestión de estrategia y, solo si estuviera hoy luchando por compasión para que el pueblo palestino tenga un estado independiente, ¿qué significaría esto? ¿Soy tan amante de cualquier clase de Estado?  ¿Admiro tanto cualquier tipo de fuerza policial, gubernamental o de poderes institucionalizados? ¿Es que el tanque israelí solamente abandona la puerta de la escuela donde los niños están entrando? Entonces, ¿por qué un estado entonces? ¿Por qué izar una bandera? Solo porque es un símbolo de la libertad que los palestinos están intentando conseguir.

Supongamos que el estado palestino izara una bandera, construyera los límites y tuviéramos cierta libertad, menor opresión, ¿que pasaría si este estado no fuera necesariamente la clase de estado al que nos adheriríamos, en términos de justicia y democracia, incluso si representara una cierta liberación? ¿Seguiría yo apoyando al estado palestino? No, no seguiría. Si se convirtiera en otra autoridad opresiva, también la combatiría. Lucharía para arriar la bandera. De hecho, una vez dije que si esta es una estrategia, lucharé hasta que se ice la bandera. Pero después lucharé para arriar la bandera de nuevo, porque no creo ni en banderas, ni en identidades lineales. Creo en las multiplicidades y en las diversidades de las culturas. Así que no opto por una solución de dos estados. Nunca he sentido compasión por este tipo de idea. No solo por eso, sino por el hecho de que políticamente, socialmente, humanamente, moralmente no es justo.

SH: Sus películas se centran en la pérdida de la esperanza y en la melancolía de la resignación. ¿Representan una pérdida de la esperanza que existe en la comunidad palestina, tanto bajo la ocupación como en la Diáspora?

ES: Creo que el simple acto de hacer una película, es el acto que emerge de la esperanza. Así que las preguntas relativas a la ausencia de esperanza entran en contradicción con el hecho real de la existencia de una película. Si yo no tuviera esperanza, no habría hecho una película titulada “El tiempo que queda”, así que no creo que esta pregunta se refiera a mi ser porque creo que sí hay esperanza. Solo hay esperanza. Sino no estaría haciendo películas. No estoy en un ambiente post-apocalíptico. No nos sentamos con… máscaras de gas.

“El tiempo que queda” es una especie de advertencia sobre la regresión del status quo, o sobre la regresión del estado de las cosas. Adviertes porque hay esperanza. Y cuando compones una imagen estética, el placer no es mórbido. No vivo en un ambiente fantasmal. Está basado solo en la esperanza. Al mismo tiempo le digo que el espacio de esta forma de reflexividad, de meditación desplacer, del positivismo de desestabilizar las autoridades que nos agraden; los que quieren cualquier forma de vida mejor se están haciendo más pequeños. No estamos ganando. Por desgracia, solo tratamos de detener la agresión. Y los poderes que tratan de encoger nuestra aspiración a una democracia son mayores que nuestra imaginación.

SH: ¿Cree que las películas que se hacen en la actualidad que impulsan una perspectiva en contra de Israel construyen una forma eficiente de resistencia?

ES: ¿Existen obras de arte que construyen esta forma de resistencia? ¿Cómo mis películas? Creo que por encima de todo se incluye a los palestinos, que todos los días tienen que hacer frente  a la realidad de la ocupación y la opresión. Y que aún así tienen que ser capaces de expresarse estéticamente, con tan poco espacio y tan pocas posibilidades, definitivamente están a la vanguardia. No creo que sean nada especial en la parte estética. Creo que la suma de los intentos estéticos de todos los lugares contribuye a la liberación de Palestina, así como a la liberación de todas las ocupaciones.

SH: ¿Entonces cree que el cine palestino es una forma de resistencia?

ES: No necesariamente solo el palestino, pero creo que el cine, cierto tipo de cine, es una forma de resistencia. Sobre todo cuando alberga cierto cuestionamiento moral; de determinado lugar y placer e inspiración de un cierto marco democrático, evidentemente se convierte en una forma de resistencia. Por el hecho de intentar, estamos cruzando las fronteras y atravesar estas fronteras, intentamos también comunicar a los demás una forma de resistencia para frenar la regresión por sí misma. Cine palestino: este término debe usarse con precisión, porque puede ser utilizado por nuestros adversarios para encerrarnos en él. ¿Para qué se utiliza? Sabemos que somos palestinos.

SH: ¿Cuál es su opinión sobre el boicot cultural? ¿Apoya el boicot académico y cultural a Israel?

ES: He comenzado a realizar un proceso de auto-evaluación y a definir y redefinir esta palabra… Veo mucha justicia en el boicot académico en el momento histórico en el que está ocurriendo, respecto a lo que Israel ha estado haciendo últimamente. Creo que realmente es un movimiento y una (línea de) actuación interesante… Ha desestabilizado la institución de la práctica sionista en algún lugar, porque realmente los israelíes son detestables, los israelíes, la institución israelí y el gobierno. … Estoy (realmente) en contra del boicot a cualquier cosa, en cualquier momento, cuando empieza a acabar con el bueno, el feo y el malo. Y este es el problema al que me he estado enfrentando con algunos de estos boicots. De hecho, no me refiero al académico, porque por alguna razón siento que en él hay mucho más pensamiento y estrategia. He mantenido el diálogo con algunos de los pioneros de este boicot y he debatido con ellos, por lo que mantengo mis reservas sobre él.

Sabah Haider es periodista y directora de cine canadiense asentada en Beirut. Puedes entrar en contacto con ella en sabafhaider@gmail.com.

Traductora: Laura González Martí
Correctora: Isabel Calderón
Fecha de publicación en castellano: Junio 2011
Fuente: “A different kind of occupation”: an interview with Elia Suleiman, Sabah Haider, The Electronic Intifada, 1 February 2010

http://electronicintifada.net/content/different-kind-occupation-interview-elia-suleiman/8654

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